domingo, 26 de mayo de 2019
sábado, 27 de enero de 2018
Conciliar el sueño con el televisor encendido
¿Tan importante es esa acción que realizamos cada noche al poner la cabeza sobre la almohada?, ¿tan trascendente es para lo que somos que la llamamos "conciliar el sueño"? Conciliar es poner de acuerdo a dos partes que no han podido ser compatibles, encajar, hacer las pases ¿Qué es lo que conciliamos cuando estamos intentando dormir? ¿Acaso es lo que realmente es nuestra vida con lo que queremos que sea? ¿Acaso nos queremos conciliar a nosotros mismos, a nuestros muchos yo? ¿Acaso antes de dormir empieza la pelea entre mi yo que la desea y mi yo que no quiere pensar más en ella? ¿Acaso es tu yo pensando en tu futuro peleando con tu yo que dice "no pienses, hazlo"?
Al poner la cabeza sobre la almohada y estirar un poco el cuerpo -o ponerlo en posición fetal- empiezan a derramarse en nuestro cuerpo nuestros diferentes yo. Natalia con miedo, Natalia con culpa, Natalia que desea inconscientemente, Natalia que no se controla, Natalia que busca llevar su vida de las riendas de la razón... Todas se desparraman, todas salen, y empieza la batalla ¿Realmente, nuestros cuerpitos en pugna llegan a conciliar? Si lo hacen es solo para retomar al día siguiente, o, quizá solo después de pequeñas y lentas conciliaciones, se llega a una conclusión, a una gran conciliación.
La conciliación consiste en lo que sigue: Uno, con uno, y uno mismo se sientan al rededor de la mesa -o encima de la cama-. Y toman la decisión de si es posible dormir ¿Sobre qué se basa la decisión? Uno, con uno y uno mismo se preguntan "¿Estoy viviendo bien?" y después de muchos intercambios de palabras, uno que otro golpe y muchas acusaciones -las acusaciones son totalmente necesarias en ir y venir de palabras- los unos llegan a una conciliación. Ojalá la conciliación versara de la siguiente manera: "No, no estoy viviendo bien. Habrá que hacer esto y lo otro para vivir de manera correcta". Pero, hay muchas maneras en que esta formulación puede ser hecha. A veces es un simple "Por hoy dejamos así, mañana continuaremos". Ocurre también que al ser estas conciliaciones hechas segundos antes de dormir, las formulaciones alfabéticas se pierden en el mundo de los sueños. Aun así, me queda la siguiente esperanza: aunque no sepamos qué forma toman, en una oración, las conciliaciones, por pequeñas que sean, se quedan grabadas en lo más profundo de nuestro ser que es ese mundo opaco, que se difumina, que cambia, que es veloz y que olvidamos unos minutos después de abrir los ojos.
En todo caso, sea cual sea la respuesta, siempre me ha parecido imperdonable y propio de personas débiles, dormir con el televisor encendido -¡No me digas! ¿Duermes con el televisor encendido por el constante zumbido que escuchas en el silencio y no te deja dormir? ¿Quieres saber como se llama ese zumbido? A veces le dan el nombre de "conciencia". Yo le llamo, mi ser naciendo, saliendo de mi pecho, de mi boca, por mis orejas, zumbándome, preguntándome, poniéndome contra la pared, exigiendo respuestas, siendo tenaz como siempre al acostarme -por lo menos al hacerlo sola ¿Y sabes cómo le llamo a dormir con el televisor encendido? Cobardía, incapacidad de escucharse a sí misma, falta de ovarios para escuchar los rechazos más duros, las acusaciones más directas.
Somos un pedazo de mierda rodante, nuestros deseos fluctúan, son muy elevados, abstractos, imposibles, irreales. Eso nos lleva a dañar, a querer un día y al siguiente no, a querer en un momento y al siguiente sentir asco. Incluso si creemos amar por completo, al levantar tu alma, o justo en tu espalda, puedes tener una realidad diferente "no amo, solo temo", "no amo, solo espero", "no amo, solo me conformo", "no amo, solo estoy experimentando. Y así como tenemos la valentía de seguir viviendo y entrando en relación con otros aunque sepamos quienes somos, así mismo debemos tener la valentía de dejar que nuestros unos salgan a señalarnos en las noches, y debemos tener también la astucia, de dejar salir a aquellos que buscan soluciones, no completas, no últimas, pero sí soluciones que son nuestra ofrenda, nuestra forma de pedir perdón por ser algo que no podemos controlar por completo: unos destructores.
Ayer, al no poder dormir tranquilamente -por cerca de una semana- pensé fugazmente "voy a prender el televisor para ver si así puedo dormirme al toque". Justo después de eso recordé uno de mis principios: valentía, por lo menos para recibir mi propio dedo señalador. Y para recordar ese principio escribo este pequeño texto.
domingo, 18 de junio de 2017
Ha pasado un año
I.
Ha pasado un año, un poco más, desde mi último escrito para este blog. Blog que nadie más que yo lee, pero que es como si. Es una lectura de mí, de lo que fui, que ya no soy ahora. Lo último lo escribí el seis de mayo de 2016, y no me reconozco lo suficiente (¿alguna vez me reconozco?) ¿Qué estaba haciendo ese día? Quizá bebiendo sola en el estudio de su apartamento.
Ella dormía, yo decía sentir la soledad, decía ansiarla con más potencia en mi vida. Recordaba esa época en la que ella no estaba en mi vida, yo estaba sola, nadie me abrazaba todas las noches, me besaba a diario, me decía te amo. No sabía lo que quería, ni lo que pasada. Yo no sentía la soledad, porque ella estaba a dos puertas abiertas de distancia. Ella estaba al final de mi noche, ella y su olor. Y no quería soledad con más potencia, porque aún siento el vacío en mi vientre al pensar que ella no estará en mi vida. Prefiero no creerlo, por eso aún fantaseo con su presencia en mi fúturo.
Santiago
Pasó mucho en este año. Estuve en Chile y viví allí cinco meses. Es una de las mejores, sino la mejor, experiencia de mi vida. Viví en el centro de Santiago, en el edificio de en frente de la moneda. En varias ocasiones me sentaba en la ventana de mi cuarto, a pensar en Allende. Por alguna razón pensaba también en el palacio de justicia de mi ciudad. Se veían las luces de Santiago a lo lejos, los edificios y sus cuadritos encendidos, la noche, el frío -incluso en verano, era desértico mirar la noche de Santiago desde esa ventana-.
El centro de Santiago está lleno de inmigrantes y eso es hermoso. A veces iba a comprar a una tienda de peruanos que quedaba a unas cuantas cuadras. Se me hacía familiar, todo muy caro, y también había Inca Cola -que por cierto no probé pero debí hacerlo-. Esa tienda quedaba en la misma calle del Santa Isabel -un supermercado de cadena- allí también hacía la compra. Cerca quedaba el Cine Arte Normandie, hermoso; hermosas las calles.
Llegué a un Santiago frío -más frío que de costumbre, porque, ¿cuándo no es Santiago frío?- la UMCE, esa U. incendiaría que hace muchos años había visto, en videos, tropelear. La ciudad, la noche, el centro, las luces, el inmigrante, fue hermoso, y lo quiero. También pasé la peor semana de mi vida en Santiago. No me extraña, las mejores experiencias son las que te hacen salir el corazón del pecho, directo por la garganta.
Llegué a un Santiago frío -más frío que de costumbre, porque, ¿cuándo no es Santiago frío?- la UMCE, esa U. incendiaría que hace muchos años había visto, en videos, tropelear. La ciudad, la noche, el centro, las luces, el inmigrante, fue hermoso, y lo quiero. También pasé la peor semana de mi vida en Santiago. No me extraña, las mejores experiencias son las que te hacen salir el corazón del pecho, directo por la garganta.
La casa de Nestor, ¡qué linda! medio casa okupa, no lo sé; eso sí, en callejuela de casas de inmigrantes. Pequeña, con libros y películas, una copia -por supuesto- del Guernica, fotitos pequeñas de Victor Jara, y de muñequitos encapuchados. Una casa a punto de caerse. Me levanté esa mañana, después de pasar la noche en aquel lugar, con uno de los peores pánicos que he sentido. Sabía, tenía la certeza, de que los pacos llegarían a esa casa y nos llevaría a todos a uno de sus lugares de tortura ¿Tan loca puedo estar? Levanté a Yesica y nos fuimos. En el camino le enviaba fotos y videos a Luisa, ¡cómo me arrepiento! Santiago, linda. Santiago es una mujer anciana, con corazón de punk trovero. Esas casitas y edificios cercanos al forestal murieron pero dejaron su aroma, uno delicioso. Es ese olor de los libros viejos, humedad y polvo. La cagué en Santiago, ¿qué será de mi vida?
De Santiago recuerdo salir del apartamento de Itzel, ella también vivía en el centro, en la calle de San Ignacio de Loyola. Centro, edificios altos, "soledad", "independencia", en fin... ese abrir los brazos, respirar profundos y querer gritar reventando de vida se sintió.
Este blog es una capsula del tiempo.
La extraño, no la he podido superar. ¿En un año, Natalia del futuro, con 23, la habrás superado? Natalia con 23, ¿seguirás siendo la adolescente de siempre? probablemente sí. La extraño aunque sea tan diferente, la amo aunque sea tan... ¿tan qué? ¿tan vacía? ¿tan seca? no, no lo es. Es colorida, es energéticamente fuerte. No es una niña tonta, bueno, quizá sí, pero no por eso es vacía, seca y poco colorida. Tiene algo. ¿Qué es? Quizá nada, quizá lo único que tiene es el potencial de herir mi ego.
Extraño su sonrisa, ¿acaso ella sonreía?
¡Ya se qué tiene! Misterio. Sus ojos son misterio, su silencio es misterio, el ocultamiento de su sonrisa... es misterio. Me enamoré de una mujer misterio, de la mayor mujer misterio existente en la sabana de Bogotá.
¿Me quiere? No importa. Espero que me recuerde al leer a Galeano, al caminar por el centro, al ver una luz mortecina, al mirar las estrellas. Yo caminaré, conoceré, veré, viviré hasta donde me sea posible. Y, ¿qué será de mi vida? Temo responder.
Angelo Escobar
En Santiago fui a verlo. Me recuerda a la Daniela que conocí de lejos, así, por "...correo van volando...". También me recuerda a mi amigo, al que le fallé, como suelo hacer, Li. Qué hermoso era, murió por mi estupidez, su corazón se quebró por mi humanidad, por mí. A él le canté "Papel Volantín" mientras, literalmente, yacía sobre mis piernas, moribundo. Lo siento, amigo hermoso.
Ángelo era el último en tocar. Era una casa okupa, lo había sido por mucho tiempo, unos empresarios bien vestidos la pidieron, ese era uno de sus últimos eventos. Vendían una riquísima pizza vegetariana (quizá me pareció deliciosa porque ya había bebido suficiente cerveza, y porque tuvimos que esperar mucho para conseguirla). Ese día los mexicanos cayeron y compartimos con ellos. Escuchamos a todos estos jipisitos de lindo corazón. Una nena me habló en el baño, y como siempre yo fracasando en esas cosas de ligar. Ese día le robé unos cigarrillos mentolados feísimos a Itzel, no sé si se haya enterado.
La cerveza artesanal estaba deliciosa esa noche. Los chilenos tienen buena cerveza. Cobraban barato en esa casa, sería porque su interés no estaba en acumular ganancias. Compré ese día un librito de cuentos anarquistas, muy lindo, los cuentos muy añejitos, sepias, lindos, ilusos, como todos las anarquistas. El trovador se emborrachó hasta el copete, y tocó mal un par de canciones -una de Jara, el derecho de vivir en paz, y otras que no recuerdo, quizá una ranchera. Lo entiendo, no le exigo, le mando un abrazo, se le ve sin trabas el triste corazón que guarda en el pecho. Angelito, gracias.
Ella
¿Por qué son tan bellas las mujeres? Tiene una sonrisa increíble, maravillosa, grandota, grandota, como nunca había visto. Sus mejillas se ponen redonditas y grandes cuando sonríe, es hermosa. Quiero decir que la quiero abrazar, pero no de cualquier manera. Quiero darle un abrazo de esos que construyen un puentesito entre los dos pechos, y empiezan a pasar, por ese caminito, todas las cosas bonitas que uno ha podido acumular en lo que lleva de vida. Es lindo verla, mirarla directo a los ojos me produce una instantánea sonrisa. Volviendo al pecho, quiero pasarle colores bonitos con cada abrazo, espero que los reciba ¿Y saben qué? no le pido nada a cambio. Si me quiere besar que lo haga, si me quiere llenar de caricias, que no tema, o no lo suficiente para detenerse. Quiero dedicarle todas las canciones bonitas que tengan los mismos colorcitos que ella tiene. Quiero perderme en su sonrisa, ¿será que ella me deja?
viernes, 6 de mayo de 2016
6 de Mayo del 2016
Qué bello es el mundo. Qué bellos humanos. Y no lo digo con el feo rosa de la publicidad. Qué bella es la zampoña y que bella la montaña, bellas las lagrimas. Bella mi amada. Bella la nieve y cara quemada. Bella la tierra. Bella la papa. Bello el maíz. Bello el sentir, el sentir en la garganta y ascendiendo...
¿Qué de bello tiene la montaña? No lo sé.
¿Qué de bello tiene la montaña? No lo sé.
lunes, 19 de octubre de 2015
¿Qué mierda puedo decir de la vida?
La pregunta por ¿qué mierda decir de la vida? es la misma pregunta por ¿qué mierda hacer de la vida? ¿cómo mierda crear la vida? ¿cómo mierda vivir? Es difícil.
Es putamente difícil porque no se trata de crear una estructura conceptual que te de seguridad, sobre la que puedas andar, como obrero neoyorquino a blanco y negro. Que por qué no se trata de dar una respuesta putamente estructural? por la misma razón por la que maldigo, por la que maldices. Tú y yo somos entrañas, sangre, mierda, moco... hasta el cerebro debe ser putamente asqueroso.
Joder, qué mundo de mierda. Crearé mi historia, escuchádla. Caminar por allí, por las calles, siendo un falto de carácter. No es nada especial, no conozco la primer persona con carácter -sin contar a Alexander Supertramp-. En fin, caminar por allí, con tus audífonos en los oídos, escuchando Beatles, lo que sea, Camilo Sesto, Tango, flamenco, viendo colores que nadie más ve. ¿QUÉ MIERDA QUIERES? ¿QUÉ MIERDA QUIERO? Quiero dedicarme a eso, a escuchar música, a ver colores, a echarlos en un pedazo de cartón. A nada. Al fin y al cabo, a lo que hay. La pregunta del siglo, que la afirmaré: eres un burguesito de mierda, no querés trabajar, no querés ir a lavar mierda, como lo hicieron tus padres, no querés ir a ganarte la papa porque la tenés segura en casa. Eres un marica de mierda. Pero afirmaré todo lo contrario también: sea lo que sea que te ha llevado a querer eso, sea la mierda que sea, puede ser que, simplemente, eres un alma hermosa. Que no quiere perder la vida. Tal vez es tu última puta vida sobre este planeta. Canta, pinta, haz NADA, escribe cuando quieras, camina, que se te exploten los putos colores en tus ojos, en tu alma. Besa esos labios que siempre has querido besar, ponla contra una pared, pídele explicaciones, solo para mariquiar, para nada, pero bésala. Vete, no le vuelvas a hablar. Has lo que se te de la puta gana. Es tu única puta vida, adolescente, burgués, poco carácter, perdido, vago, hermoso de mierda.
Es putamente difícil porque no se trata de crear una estructura conceptual que te de seguridad, sobre la que puedas andar, como obrero neoyorquino a blanco y negro. Que por qué no se trata de dar una respuesta putamente estructural? por la misma razón por la que maldigo, por la que maldices. Tú y yo somos entrañas, sangre, mierda, moco... hasta el cerebro debe ser putamente asqueroso.
Joder, qué mundo de mierda. Crearé mi historia, escuchádla. Caminar por allí, por las calles, siendo un falto de carácter. No es nada especial, no conozco la primer persona con carácter -sin contar a Alexander Supertramp-. En fin, caminar por allí, con tus audífonos en los oídos, escuchando Beatles, lo que sea, Camilo Sesto, Tango, flamenco, viendo colores que nadie más ve. ¿QUÉ MIERDA QUIERES? ¿QUÉ MIERDA QUIERO? Quiero dedicarme a eso, a escuchar música, a ver colores, a echarlos en un pedazo de cartón. A nada. Al fin y al cabo, a lo que hay. La pregunta del siglo, que la afirmaré: eres un burguesito de mierda, no querés trabajar, no querés ir a lavar mierda, como lo hicieron tus padres, no querés ir a ganarte la papa porque la tenés segura en casa. Eres un marica de mierda. Pero afirmaré todo lo contrario también: sea lo que sea que te ha llevado a querer eso, sea la mierda que sea, puede ser que, simplemente, eres un alma hermosa. Que no quiere perder la vida. Tal vez es tu última puta vida sobre este planeta. Canta, pinta, haz NADA, escribe cuando quieras, camina, que se te exploten los putos colores en tus ojos, en tu alma. Besa esos labios que siempre has querido besar, ponla contra una pared, pídele explicaciones, solo para mariquiar, para nada, pero bésala. Vete, no le vuelvas a hablar. Has lo que se te de la puta gana. Es tu única puta vida, adolescente, burgués, poco carácter, perdido, vago, hermoso de mierda.
jueves, 7 de agosto de 2014
Sergio
Hoy antes de enterarme de su partida justo estaba recordando aquellos momentos en los que no huía de mí, en los que no quería correr a los brazos de las promesas de mierda. Estaba recordando cuando era valiente, cuando mi acción más directa era el sollozar en la duda. Cuando sufría por el otro, cuando no tenia miedo al sufrimiento y batallaba contra él. Cuando lo incorrecto no me asustaba y navegaba en colores. Espero que tú, compañero de dudas, adversario de letras, te hayas abrazado a la nada con desbordante placer. Muerte, sueños, batallas y placer ! SALUD, mi amigo !
sábado, 31 de mayo de 2014
Vida
He pasado por muchas cosas durante toda mi vida que no es muy larga, o tal vez sí. En algún momento creí en la existencia de Dios, el cristiano, el que me promete todo, el que me da paz, el que llena -eso que creo- es el vacío humano. Eso que perdió al ser humanizado, tal vez. Me hacia sentir bien, mientras pedía perdón por mis pecados y era perdonada. En algún otro momento deje de creer en ese Dios pues me parecía imposible que alguien con todo el poder del mundo decidiera hacer la guerra, decidiera odiar. Creí que como mujer, como humana, podía construir eso que era bueno mientras me daba cuenta que mis coterraneos -.de hoy y de siempre- eran unos bárbaros, sangrientos, asesinos, insensibles. Creí que aún así teníamos un lado bueno que explotar, podíamos amarnos, vivir felices. Después me di cuenta de la imposibilidad de ese mundo, pues a diferencia de mi yo cristiana ya no había un mesías que me prometía el paraíso sino que era yo la que debía construirlo, pero era como un dique frente al mar tratando de hacerlo. Caí en una fuerte crisis, llorar a diario, de tratar de hacer lo que fuera por crear ese paraíso mientras estaba totalmente consciente que jamás se haría. En otro momento de mi vida al darme cuenta que no era lo suficientemente valiente para irme de este infierno decidí ignorar aquella mierda de la que estaba rodeada y venderme a lo que un día odié. Ayer pensaba mientras disfrutaba de un buen Marlboro que el hombre era hombre y que era un sueño de niños el paraíso, mientras dentro de mí seguía sabiendo que en algún caso, que en todo caso, no me agrada que ... simplemente no me agrada. Hoy, no sé, no sé nada del mundo lo único que tengo por seguro son mis sentimientos pero estos cambian a cada segundo. Lo único seguro es mi razón, pero no la lógica o la matemática sino esa que ... esa; lo malo es que a esta no la entiendo y no sé si algún día lo haré.
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